Las ocho muertes de Emely Peguero.

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Una niña de 16 años desapareció el 23 de agosto del presente año. Vivía con sus padres en una zona semi rural de San Rafael de Cenoví en San Francisco de Macorís. Era hija de Adalgisa Polanco, costurera de la comunidad y Genaro Peguero (de ocupación desconocida). Cursaba el tercero de Bachillerato en una escuela pública de la localidad y de vez en cuando limpiaba la casa de la mamá de su “novio”, Marlon Martínez. Su primera muerte fue social, siendo víctima de la discriminación por clase que le colocaba en desventaja frente al poder económico que ostentaba la familia Martínez y que permitió pensar que su asesinato quedaría en la oscuridad.

“El más poderoso acaba con el que menos tiene”

Adalgisa Polanco, Madre de Emely Peguero

Cuando tenía 12 años inició una relación de abuso (por clase y por edad) con Marlon Martínez. En ese entonces él tenía 16 años, pero a la fecha del asesinato, él era un adulto de 19 años y ella menor de edad. Su segunda muerte fue por ser niña, víctima del poder adulto que ejercía Marlon Martínez y Marlin Martínez, madre del novio; mujer con fuertes conexiones políticas y económicas en San Francisco de Macorís.

“Marlin Martínez a veces la buscaba para que le secar ael pelo o le ayudara a limpiar la casa

Genaro Peguero, Padre de Emely Peguero

Probablemente tuvo una vida sexual activa a muy temprana edad. Su tercera muerte fue por el poco acceso a educación sexual de calidad. Una muestra de ello es el embarazo no planeado con Marlon y la ausencia de políticas públicas que permitieron que Emely no tuviera información veraz y oportuna sobre sus derechos sexuales y reproductivos.

De acuerdo con la Dirección de Información y Estadísticas del Ministerio de Salud Pública (MSP), en 2015, 34.453 de los partos, cesáreas y abortos en el país correspondieron a niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años, es decir, el 27,35 % del total de todos los alumbramientos.

A Emelyno la mataron sólo por estar embarazada. La mataron por ser una mujer adolescente y pobre que había sufrido, probablemente, una serie de violencias de género (psicológicas, físicas, sexuales, sociales) y que ninguna institución del Estado logró identificar a tiempo a fin de evitar su feminicidio. La cuarta muerte de Emely fue institucional; ni la escuela, ni sus maestros/as, ni sus familiares, ni la iglesia lograron advertir las cadenas de violencias acumuladas que vivía.

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Aunque hubiese querido,no podía interrumpir su embarazo de manera segura y a tiempo. Su quinta muerte fue legal. Recordemos que la República Dominicana está entre los 6 países del mundo que prohíbe el aborto de manera absoluta. Nuestro país sigue condenando a cientos de mujeres a dar a luz y/o a morir en el intento.

“Yo creo que a ella le provocaron un aborto y de desangró. Ella tenía su embarazo tapa´o y tenía anemia. Casi no comía”.

Adalgisa Polanco, Madre de Emely Peguero

Emely, consagrada a la iglesia católica y con una profunda fe en Dios, aprendió desde pequeña que el amor “todo lo puede, todo lo perdona, todo lo aguanta”. Su sexta muerte fue por el amor romántico; su príncipe encantado la mató.

“Nosotros somos católicos, mi hija estaba en muchos grupos; en ODRI, en ODA…” , “Ella era novia de Marlon desde los 12 años, no tenía ojos para nadie más”

Adalgisa Polanco, Madre de Emely Peguero

Inmediatamente se supo de su desaparición, no faltaron los argumentos que la señalaban como la responsable de la situación. Cuestionaban su libertad sexual y la estigmatizaban por tener una viva sexual activa a los 16 años. Su séptima muerte fue el estigma social. A Emely la señalaron en redes sociales como “descarriada” y “sin valores”, omitiendo las responsabilidades del Estado para garantizar una vida segura y libre para las mujeres.

“Mi hija no es una delincuente como ella (Marlin Martínez) quería ponerla, como lo que menos sirve…”

Adalgisa Polanco, Madre de Emely Peguero

Su octava muerte fue física. De acuerdo al informe proporcionado por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif)Emely falleció a causa de una hemorragia interna del útero por un aborto inducido y por un golpe contundente en la cabeza con hundimiento del cráneo.

Detengamos las muertes de las mujeres en todas sus dimensiones. La muerte física es la última expresión de una larga cadena de violaciones a derechos humanos que nos hacen morir en vida, es el nivel más extremo de una serie de violencias que nos disminuyen e invisibilizan; Una violencia institucional que se empeña en no reconocer nuestra equivalencia humana en los instrumentos legales, políticos, económicos y sociales.

Fuente: hoy.com.do

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